No consigo entender por qué después de tanto tiempo continúo echándote tanto de menos, por qué mi mente recurre a tu recuerdo siempre que tengo un mal día, porque eres la primera persona que se me viene a la cabeza cada vez que tengo que contar algo importante, no sé por qué me sigo aferrando a ti y me niego a olvidarte, a dejarte marchar, por qué no soy capaz de desterrar tu recuerdo y seguir viviendo como si nunca hubieras existido.
Tengo la casi certeza absoluta de que jamás voy a volver a sentirme igual que cuando tú estabas ahí, aquel empeño tan tuyo en enseñarme a ver la vida tal y como tú habías aprendido a verla con los años, la forma de sentir las cosas que ocurrían, aquella autenticidad que sentía que tenía la vida por aquel entonces, la alegría infinita de saberme querida y acompañada por ti en cada cosa que ocurría, fuera buena o mala, era extraño, pero me gustaba más contarte las cosas buenas porque me gustaba la idea de poder hacerte un poco feliz, sabeedora de que te alegrabas terriblemente por mí. Nunca había tenido esas ganas de compartirlo todo con alguien. Años después aún sigo enganchada a aquella maravillosa sensación que un día tú me regalaste.
Sigo sin entender qué ocurrió, qué hiciste conmigo para que pasados tantos meses continúe recordándote casi a diario, y aún no pueda leer tus mails, ni ver tus fotos porque sé que la herida comenzaría a supurar de nuevo, y no quiero, me cansé de llorarte, me cansé de tener la sensación de estar haciendo el gilipollas, haciéndome sufrir mucho más de lo que era necesario en una situación como aquélla. Debí olvidarte como tú lo hiciste, sin darle más importancia de la que en verdad tenía, debí olvidarte sin nostalgias e idealizaciones absurdas, pero ya sabes lo dada que soy a todas esas cosas, qué por qué, pues no sé, no conozco a nadie que sea tan nostálgica como yo y que le cueste tanto pasar página, tendré que ir aprendiendo, a veces creo que proviene de la infancia, del miedo continúo que sentía cada día cuando mi madre no estaba en casa y me paralizaba el miedo a que me hubiera abandonado en aquellas cuatro paredes, sospecho que algo tiene que ver con todo aquello, y sospecho que a día de hoy es algo que no ha cambiado mucho, que no he podido superar, me duele demasiado sentir que la gente se vaya de mi vida.
Cuando te fuiste entendí y me prometí que nunca más, por nadie, volvería a sufrir como lo hice contigo, porque comprendí que el dolor en muchos casos es innecesario, y que podemos hacer muchas cosas para paliarlo, entre otras no regocijarnos en nuestras heridas y darles la importancia real que tienen. Qué es jodido, bufff a mí me lo vas a decir, pero eso que aprendí contigo a base de lágrimas y dolor, me sirve ahora y posiblemente me sirva el resto de mi vida, supongo que la primera vez que te rompen el corazón, que le sientes crujir en mil pedazos, es cuando más duele, más adelante puede reaparecer el dolor, puede volver a surgir, pero siempre será menos intenso y sobre todo mucho más breve. Y supongo que incluso por esto debo estarte eternamente agradecida ¡tócate los ovarios!
Por mucho tiempo que pase, por mucho que haya pensado en los motivos de todo aquello, aún no soy capaz de definir, de concretar por qué sentí tanto dolor en tu partida, cuando siempre fui consciente de que en realidad nos quedaban muchas cosas por descubrir la una de la otra, y creo sinceramente que de haberte conocido de esa manera más real hubieras perdido buena parte de tu encanto, porque cuando bajas del pedestal a alguien y le vuelves real, con sus fallos, sus defectos, con sus historias, con su cotidianeidad... entonces pierde mucha parte del encanto, pero aún siendo consciente de todo esto no he podido olvidarte. Tanto es así que en los días importantes, en ésos en los que no tienes a nadie a quién llamar, a quién escribir, a nadie a quién explicar, en esos días en los que necesitas de un hombro amigo de una forma desesperante siempre siempre eres a la primera que recurre mi memoria, por absurdo que pueda parecer, aún no se ha dado cuenta de que ya no estás ahí.
El viernes te envié un sms después de muchos meses sin hacerlo, a pesar de haber borrado tu número de mi agenda, no he podido hacerlo de mi memoria. A veces creo ingenuamente que si yo viví así toda mi historia contigo, tú aún debes recordarme, y por qué no hacerlo con cierta nostalgia... por eso me aventuré a escribirte sin miedo. También porque la semana pasada me acordé mucho de ti, y porque era un día importante en tu vida, sabes que nunca olvido las fechas importantes, pero no recibí respuesta. No te culpo, no te guardo ningún tipo de rencor, al contrario, hoy simplemente me apetecía volver a darte las gracias por todo tu tiempo junto a mí y por todo lo bueno que me llevo de ti. Sé que te gustaría mucho saber de mí ahora mismo, te sorprenderían tantas y tantas cosas... pero tú misma me enseñaste que las historias también tienen su propia fecha de caducidad y por mucho que me cueste admitirlo, creo que a la nuestra le llegó hace ya mucho tiempo, lástima que yo haya tardado tanto en darme cuenta.
miércoles, julio 18, 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada